A veces, una simple mirada basta.

A partir de entonces, todo fue diferente.

5.10.08 23:37, comment

 En algún momento hay que empezar a correr. Solo es cuestión de tiempo...

1.10.08 17:24, comment

* Shaantam *

Shaantam. Paz.

Mi madre me pregunta si estoy dormida justo antes de que salga; yo le contesto antes de cerrar la puerta, tras un último vistazo en el espejo: 

- No. Solo estoy tranquila. 

Llueve, el cielo está encapotado, y la luz es gris. Pero yo llevo un paragüas azul, a juego con el chubasquero, y no hay nada que me haga sentir más feliz en este momento que dar una vuelta bajo la lluvia equipada para ello. 

Podría haberme quedado en casa agarrada a una taza de té, asomada a la terraza, como hago siempre. Y dejarme arrastras por la melancolía. Pero hoy no temía mojarme. Hoy quería. Caminando no te dejas arrastrar.

Avanzaba lentamente, hasta que le vi, y definitivamente dejé de caminar. ¿Por qué es tan guapo? Es una pregunta estúpida. Es tan guapo porque lo es. Cuando paso de largo me dice que soy una preciosidad. Se ha esperado hasta tener que gritármelo para que le oyera, como si quisiera que los pocos viandantes que nos acompañan se hicieran eco de su observación.

- ¡Eres preciosa, tía!

Por un momento, vacilo. No sé si debería girarme y responderle con una sonrisa. Meneo la cabeza. ¿Qué conseguiría con eso? No le conozco de nada, y el repentino interés que siento ahora por él se esfumaría antes de acabar con la primera cita.

Me aburren. Las primeras citas aburren. Sólo es un juego de niños. Un entretenimiento con el que matar el tiempo. Una trampa en la que dos personas juegan al escondite, sin decidirse muy bien quién paga.

Las consecuencias no se eluden. Aunque borres el rastro, te encuentran. Al final, alguien acaba pagando el pato. Siempre...

Sigo caminando. Ya veo a Sofía. Lo primero que le cuento es lo que me acaba de pasar. Ha sido una tontería, pero me ha hecho sonreír. Seguimos conversando. En breves minutos la anécdota pasa a ser menos que nada. Nadie ama lo que no conoce. 

21.9.08 23:18, comment

A LoveLy SonG- by regina spektor


 

 

SAMSON (Regina Spektor)

You are my sweetest downfall
I loved you first, I loved you first
Beneath the sheets of paper lies my truth
I have to go, I have to go
Your hair was long when we first met

Samson went back to bed
Not much hair left on his head
He ate a slice of wonder bread and went right back to bed
And history books forgot about us and the bible didn't mention us
And the bible didn't mention us, not even once

You are my sweetest downfall
I loved you first, I loved you first
Beneath the stars came fallin' on our heads
But they're just old light, they're just old light
Your hair was long when we first met

Samson came to my bed
Told me that my hair was red
Told me I was beautiful and came into my bed
Oh I cut his hair myself one night
A pair of dull scissors in the yellow light
And he told me that I'd done alright
And kissed me 'til the mornin' light, the mornin' light
And he kissed me 'til the mornin' light

Samson went back to bed
Not much hair left on his head
Ate a slice of wonderbread and went right back to bed
Oh, we couldn't bring the columns down
Yeah we couldn't destroy a single one
And history books forgot about us
And the bible didn't mention us, not even once

You are my sweetest downfall
I loved you first

19.9.08 18:14, comment

La amante.


 

 

Paseaba por las calles del centro y... "Click". La casa de su madre estaba al lado, y con un poco de suerte le pillaría allí. Así que no me lo pensé mucho y le llamé.

- ¡Hola! ¿Estás en casa?

- Ssí... Bueno... ¿En cuál de ellas?

- En la de tu madre; es que estoy al lado... Te llamaba por si te apetecía bajarte. Podríamos dar una vuelta al perro. 

- Mmm... Es que, verás, no estoy solo... 

- Ah... Ya... Bueno, no te preocupes... Ya quedaremos otro día. 

- Claro... - Susurro: - Tengo ganas de verte... Te llamo en cualquier otro momento, ¿vale? Cuando... Bueno, cuando esté más tranquilo. 

Colgamos. Normalmente siempre me llama él. Pero esta tarde me apetecía que dieramos un paseo. Antaño paseábamos a Pluto. Eso era cuando aún estábamos juntos. Cuando rompimos, sabíamos que acabaríamos siendo amigos.

Amigos, no esto. Cuando acabo de colgar, me doy cuenta de que me ha asignado el papel de amante. Y yo no quería serlo. No quería acabar siendo su amante, maldita sea... Pienso en las últimas veces que nos hemos visto, y en todas ellas hay una cama. Supongo que yo también he puesto algo de mi parte. Y ahora he acabado así: siendo la otra. ¿Cómo no me he dado cuenta? 

La otra... Para mí la otra es ella, siempre lo ha sido. Siempre me he creído con derecho para hacer lo que hago. Porque yo le conocí antes. Porque yo le besé antes. Y porque me enamoré de él antes que ella. Por todo esto, por lo que me permito decir... Y por todo lo que no me atrevo a pensar. 

Ahí estoy yo, en pleno centro, el semáforo ya estaba en verde cuando me despedía, y aún sigo aquí.  Acabo de darme cuenta de que no he andado ni un paso. Porque estoy enfadada. Porque no asumo mi papel. Pero mi papel es éste. Así que, como buena amante, corro hacia la calle principal, hacia aquella tienda donde vi aquél salto de cama tan apetecible.

Aquí está. Me llega justo al final del pubis, tiene los tirantes muy finos y unos graciosos volantes. Y es rojo, rojo como la sangre que me bulle por las venas. Porque sé que aunque no hubiera estado con ella no hubiera venido a pasear: me hubiera invitado a subir. 

Vuelvo a mi casa con el salto de cama y conjunto a juego. La próxima vez, cuando ella no esté, me lo verás puesto. Me estoy imaginando tu cara lasciva y tus manos, que me desnudan con la rapidez de las citas furtivas. Yo sonreiré: en esto me has convertido. No habrá reproches, y en algún momento tú me hablarás de ella. Pero ni siquiera entonces te demostraré mis celos. Porque los celos no son para mí; eso se lo cedo a ella. La otra.

 

 

 

 

 

1 Comment 15.9.08 22:35, comment

b/n

 

Estaba harta de discutir con él qué era arte y qué no lo era. Como siempre, él sentía que se estaban burlando de él, que le estaban tomando el pelo... Oía silenciosas carcajadas detrás de cada lienzo.

Típico de él, no fiarse de nada ni de nadie. A veces ella se preguntaba por qué confiar en él, pero no fue casi hasta el final cuando se dio cuenta de que, después de tanto tiempo, apenas le conocía. 

Ella se había dado a conocer sin silencios, sin tapujos, entregándose casi irreflexivamente. Y él no había dejado entrever más que una gama de claroscuros, pequeños trazos de su persona oscuros e intrincados. Algo así como un cuadro abstracto, de esos que él detestaba, y que ella nunca logró descifrar. 

4 Comments 9.9.08 10:01, comment

Un Lunes sin causa.

 

 Se levantó un minuto antes de que sonara el despertador. A veces esas cosas pasan.

Se vistió con parsimonia con el traje de chaqueta que cuidadosamente había preparado la noche anterior y dejado en el respaldo de la silla.

Se afeitó con precisión. Esa mañana consiguió no cortarse. La verdad es que tenía buen aspecto, se dijo. 

Completamente vestido y sin corbata, esperó sentado en la mesa del salón a que dieran las ocho con gran expectación. Su espalda ni siquera rozaba el respaldo; estaba totalmente recto, con las palmas de sus manos sobre sus muslos, mirando al frente. 

Miró el reloj. Ocho en punto. A esa hora casi todo el mundo empezaba a trabajar. Oficinistas, limpiadoras, profesores, enfermeros, recepcionistas, secretarios, ... Su madre, a esas horas, ya estaría camino del bar donde desayunaba con sus amigas, las mismas con las que iría esa misma tarde al bingo.

Se limitó a suspirar y cruzar la pierna derecha sobre la izquierda. Todo el mundo iba de aquí para alla. Él no tenía que ir a ningún lado. A él no le afectaban ni atascos ni huelgas de metro.

Esperó pacientemente a que pasaran las horas de aquella mañana estéril. A veces leía. A ratos escuchaba la radio. A ratos, el eco de la soledad que le embargaba. Cuando le despidieron del trabajo, se sintió tan humillado que se encerró en casa y no cogió teléfonos ni abrió su puerta a nadie, saliendo solo para comprar víveres; un ermitaño acorralado por el bullicio de la ciudad. 

Se preguntaba cuál sería el día en que empezaría de nuevo su vida. A mitad mañana de aquél lunes sin causa, se dio cuenta de que aquél tampoco iba a ser el día. Se resignó a esperar al siguiente lunes, que es el día en que se empiezan las grandes cosas, las dietas, las mentiras, las rutinas, las semanas... 

 

7.9.08 17:01, comment

preguntas inconfesables.

- ¿Estás bien?

Me lo preguntó sin previo aviso, sin un certero brillo de lástima o preocupación predecesor. La conversación hasta ese momento había sido fluida, amena, divertida. Y de repente había adquirido un tono algo más grisáceo, habían palidecido nuestras sonrisas con esa maldita pregunta que yo sólo hago cuando sé que algo no anda bien: "¿estás bien?". 

No, no lo estaba. Pero acababa de darme cuenta en ese mismo momento, tres milisegundos después de que él hubiera tragado saliva tras la pregunta. 

Me desorienté. Sabía quién era él, quién soy yo, dónde estábamos y qué hacíamos allí. Pero de repente no sabía nada. Miré a un lado y a otro. ¿Estás... estás....? No lograba terminar la frase en mi cabeza. 

- No lo sé- contesté al fin. Para él no habían pasado más de tres segundos. Para mí, todo un mundo. 

Luego, mucho después, cuando ya estaba en casa y él camino de la suya, me di cuenta de que en el fondo agredecía la pregunta. "¿Estás bien?".  Hacía tiempo que nadie me preguntaba cómo estaba. Hacía mucho tiempo que yo no me preguntaba cómo estaba.

2 Comments 4.9.08 11:19, comment

Los días de la semana.

Antes siempre era viernes.

Siempre era a cenar. 

Ahora son los martes y tomamos helado. 

No he vuelto a cenar en viernes con hombres. No ha habido más sexo en viernes.

Los viernes ya no parecen viernes. Pero eso da un poco igual, porque si me animo y te llamo, y tú no haces nada, tomamos un helado. 

Hoy vuelve a se martes y volvemos a tomar helado. Me gustaba tomar el postre contigo y ya no puedo. 

Me gustaría jugar con los pies por debajo de la mesa. Pero es martes, estamos en una terraza y hay gente con helados.

Algún día, yo también seré martes, y no me importará que a ti no te importe no quedar los viernes. 

Hasta entonces no pienso, no siento, no hablo, me callo. Y así, de paso, olvido que te echo de menos cada miercoles, cada jueves, cada fin de semana; y que el lunes quiero llamarte, pero no lo hago. 

Hoy vuelve a ser martes. Hoy sí me permito llamarte. Y lo hago. A ti te da igual porque te gusta tomar helado. A mí también me gusta. Y en eso es en lo único que pienso hasta que me de igual en qué día de la semana estemos. Hasta que yo también sea martes, y no un viernes eterno.

28.8.08 22:17, comment

dualidad de perspectivas.

Él no paraba de hablar, y hablar, y hablar... Ella escuchaba con una atención desinteresada; en el fondo se alegraba de que él fuera así y no le hiciera preguntas que no le apetecía responder.

Así, ella creía ir conociéndole poco a poco, mientras él pensaba que la conocía sin saber nada acerca de ella. 

Así, a ella le fue desinteresando cada vez más, mientras él cada vez ponía cada vez más de su parte para que "aquello" tomara algún rumbo. 

A ella le daba igual: no importa el rumbo cuando se sabe que el final espera antes de la vuelta de la esquina. 

23.8.08 12:06, comment

Roma no se construyó en un día

Se dijo que, si bien es cierto que algunas personas parecen conseguir todo y más sin esfuerzo, también lo era que la gran mayoría de las veces hay que luchas mucho antes de gritar victoria.

Estaba dispuesta a cambiar. Sabía que no era fácil, y por eso no se propuso exactamente hacerlo. Se marcó como objetivo esforzarse y poner todo de su parte para buscarlo... 

- Manos a la obra. 

 

Lo que más cuesta, es empezar... Y mantenerse. 

16.8.08 17:22, comment