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Familia


Tengo un sobrino inexistente al que todos los meses le mando un cheque porque está en Francia estudiando arquitectura. Las últimas notas que ha sacado han sido brillantes. Va camino de ser un gran arquitecto, alguien que en un futuro podrá diseñar una biblioteca, una gasolinera e incluso su propia casa.


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Los arquitectos cuando consiguen fama y dinero suelen diseñar su propia casa para convencerse a sí mismos de que, cuando llegan de la oficina, ese interior está hecho a la imagen y semejanza de su propio interior. Es como si cualquiera de nosotros, sin ser arquitecto, fuéramos capaces de pasear por nuestro hígado y abrir la puerta que nos conduce a nuestro propio páncreas.


 


Pero a la mujer de mi sobrino inexistente no le gustaba pasear por el hígado de su marido ya que estaba decorado con madera de sequoia y a ella le gustaba más la porcelana china. Aún así, tuvieron dos hijos que, con el tiempo, se fueron a estudiar a Londres. Uno de ellos siguió la tradición estudiando arquitectura y el otro, del que siempre dijeron que era el contrario de su hermano, empezó Arte Dramático y acabó de albañil.


 


Lo cierto es que pasaron los años  y el arquitecto diseñó su propia casa (alcanzó el éxito esperado) y el otro se comprometió a construirla.


 


Pero  por un error de plano resultó ser  un espanto ya que la cocina quedaba al descubierto tras un cristal enorme que la ponía a la vista de cualquiera. El hijo de mi sobrino comenzó a tenerle pánico a ir a la cocina ya que, como era de cristal, temía que la gente supiera que su secreto era ser inexistente en su propio interior. Había, al fin, triunfado el plan perfecto de la parte de la familia existente para acabar con ellos.


 


El plan consistía en edificar la muerte del inexistente a manos del familiar existente que, siempre, resultaba ser el albañil. Pero, claro está, había que hacerlo con el cuidado de que pareciera que simplemente estaba ayudando a levantar su hogar, es decir, su vida.


 


 


En mi caso, a mi me gustó mucho la que le hice a mi hermano inexistente y decidí quedármela tras su muerte. Yo le había hecho un baño transparente (un error en el plano, claro) y por eso, a la vergüenza de exponerse desnudo a la vista de todo el mundo, se le unía la vergüenza de que todo el mundo supiera de su inexistencia.


 


Al final, caí en la tentación de vivir en su casa y, a base de convencerme de que estaba en mi propio interior, descubrí que un día, al tirar de la cadena, yo también era inexistente. Me entró tanta vergüenza que acabé pagando todos los meses a mi  sobrino de Francia sus estudios de arquitecto.


 


O, dicho de otra forma, acabé circulando por el hígado de mi hermano como si fuera el mío  pero con la conciencia del asesino y, de esta manera,  encontré la respuesta al nacimiento de mi familia. Los no existentes eran los que triunfaban pero morían a mano de los albañiles que, a su vez, se quedaban con sus casas y se convertían en inexistentes. Y por eso, como en las mejores familias, el asesino siempre está dentro de tus vísceras ayudándote a hacer de tu casa un lugar más habitable en el que tú seas el que sobre.

24.4.06 14:02


vuelve el hombre

A veces, cuando plancho los pantalones de mi marido imagino que él es el pantalón y yo soy un ser diminuto que vive encima del pantalón (de él). Pero, a la vez, yo soy la que plancho. Así que, mientras escapo de una plancha gigante, mi brazo me persigue hacia la cremallera donde creo que permaneceré a salvo de mí misma. Espero a que decida dejar la plancha en reposo para moverme con  tranquilidad por los pantalones(por mi marido).


Sigo cerca de la cremallera pero ahora en el botón que ayer le cosí. La verdad es que, decididamente, este parece ser el centro de gravedad porque, aún teniendo la libertad de que mi marido sea infinito con respecto a mí, elijo quedarme en esa zona. Para más ironía, ayer ese botón era tan pequeño como un euro y hoy es tan grande como yo. A veces, me da por pensarme en términos monetarios. Pienso también que si el botón ha alcanzado una proporción desmesurada, puede que el exterior de mi vida haya alcanzado esas proporciones mientras mi interior se ha quedado reducido al tamaño de un botón.


Pero esa lucha la mantengo todos los días cuando me hago a mí misma correr detrás de la plancha que yo manejo. Otras veces, soy tan grande como una gota de Fairy y me peleo por sobrevivir a los restos de lentejas de mi marido. Mis manos, esta vez, con los guantes puestos, luchan contra mí a estropajazos.


Por eso entenderán ustedes cómo odio yo la frase de "vuelve el hombre". ¿de dónde vuelve? ¿a qué vuelve?¿dónde ha estado?. La suelen decir en la televisión, en una de esas trescientas sesenta y cinco líneas de color en las que se divide la pantalla. En ocasiones, me imagino formando parte de una de esas líneas siendo el conjunto mi marido. Y yo, en el exterior, estoy con el mando a distancia intentando luchar contra mí cuando el origen de todo mi mal está en la posibilidad de que, en el fondo, la misma que maneja el mando sea, a su vez, otro ser diminuto que vive sobre la americana de su marido.


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vuelvo con poquito tiempo. meri, te echo de menos, pero este cuatrimestre, por ahora, no tengo tiempo ni pal messenger...y tengo tanmto que contarte!!!no te olvido!!!!!!

21.3.06 16:15


Ejemplos

José Ejemplo Ejemplo dejó de vivir en la incertidumbre de una cinta transportadora hasta que empezó a vivir plastificado. En medio, le escribieron el nombre y los apellidos con exquisita letra arial, le inventaron una dirección y pusieron un código postal que se correspondía con esa falsa dirección. Además, le dieron un número de ciudadano que tampoco existía (el núemero sí, pero no se correspondía con ningún registro legal) y le hicieron creer que lo lanzaban  al mundo en una cinta transportadora. Lo plastificaron y lo metieron en una cartera de cuero convertido en un DNI falso para servir de guía, al que comprara esa cartera, para colocar el DNI verdadero.


El tiempo que pasó José Ejemplo Ejemplo dentro de la cartera de cuero fue, sin embargo, un tiempo falso, inexistente. No pudo medirlo por falta de referencias y nosotros sólo podemos suponer que sería desde que lo fabricaron en febrero hasta que volvieran a bajar de precio los artículos de piel.


En ese tiempo inexistente José Ejemplo Ejemplo notó cómo se movía la cartera de un lado a otro y cómo, de repente, se abría la mañana ante sus ojos. José Ejemplo Ejemplo comprobó que podría ser cierto, que las metáforas también existían y que las mañanas se abrían a tus ojos si has pasado una larga noche dentro de una cartera de cuero.


De José Ejemplo Ejemplo se rieron al verle la cara. Él, que no sabía qué aspecto le habían decidido en la incertidumbre de la cinta transportadora, penso que, una vez plastificado, debía de tener un rostro de risa."Como la mayoría de los DNI verdaderos", pensó.


Pero lo que no sabía José Ejemplo Ejemplo era que, durante un tiempo iba a ser el juguete del hijo del que se rió de su rostro. Fue un tío falso, inexistente, de un chico que se dedicó a imaginarle un pasado y un presente y que esperaba la visita del hombre del que sólo conocía la foto de su DNI falso. Pero a José Ejemplo le gustó la perspectiva con la que el niño lo veía.


Al final acabó, sin saberlo, en el cajón de cachivaches del chaval. En el fondo, al lado de juguetes viejos, se vio gracias al azar cara a cara con María Ejemplo Española. Esa mujer que, por sus apellidos podría ser su prima, era una Mastercard de cartón. Ella se identificaba como la madre falsa del chico del cajón, lo cual,  hizo a José tragar saliva de plástico. El panorama se oscurecía ya que esa chica por la que empezaba a sentir algo era la mujer de su hermano, el señor que compré la cartera de cuero y le salvó de la oscuridad.


Sabía de sus deberes de tío inexistente con el chaval que lo había metido ahí y sabía de sus responsabilidad ante el esposo falso de María Ejemplo Española. Pero el chaval se había olvidado de él y María estaba muy cariñosa. José Ejemplo Ejemplo se entregó al crédito disponible de María ya que alguien inexistente como él puede decidir cada minuto qué hacer sin pertenecer a ningún registro legal. Además, nunca sabe uno hasta cuando va a estar en el cajón de los cachivaches antes de acabar reciclado y convertido en un impreso del Gobierno. Algo aterrador, si mira cómo a su lado ha creado una familia inexistente, un vínculo falso,  con una Mastercard de cartón.

24.1.06 09:34


cuento para después de la navidad

Cariño:fficeffice" />


Hoy me voy como lo hice hace treinta y tres años y como lo haré cada treinta y tres años inconscientemente. Y, sin embargo, siempre te llamaré cariño. Quizás porque tú no eres del todo culpable de esta ruptura o quizás porque sé cómo te duele que te lo llame. Sobre todo, delante de tu padre.


 


Tu padre. La que monta todas las navidades no tiene precio. Por lo menos he conseguido que me admitáis en las cenas, delante de él, pero sin mostrar nuestro cariño en público. Aunque él procura hacer lo posible para que cada palabra que diga parezca un gesto más de abrir la puerta y hacerme salir de su casa. Por cierto, una vez salgo , empujada por las palabras, me vienen a la mente, de forma recurrente, imágenes nuestras íntimas, a escondidas, en las habitaciones de la casa. Pero enseguida vuelvo a la realidad que no es otra que la monotonía de los últimos meses por culpa de tu padre.


 


La última escena fue horrible. Tú y yo en la habitación de las camas separadas. Me prometías una vida mejor. La mesilla entre las camas, una vez más, parecía un trecho insalvable. Seguro que ahí guardaba tu padre las palabras con las que expulsarme. Así que yo trataba de arrastrarla para poder juntar las camas y ganar la batalla a esas palabras.


 


Pero llegó tu padre. Abrió de repente, sin avisar y fue hacia esa mesilla. Igual mi estúpida metáfora tenía razón y ahí guardaba la forma de echarme definitivamente. La abrió y sacó una túnica. Te dijo que te la pusieras y fueras a hacer tu trabajo. Venían tropas del Norte.


 


Jesús, Jesucristo, este trabajo te está conduciendo a tu muerte en abril. Ya tienes treinta y tres años y sigues haciendo lo que te manda tu padre, quien, por cierto, ya ha previsto tu muerte como “salvador” y sabe que yo lo sé. Por eso ya no podré verte jamás. Alguien puede demostrar nuestra relación.  Me iré raptada por alguno de los hombres de tu padre.


 

Tú leerás esta carta y te enfadarás conmigo. Pero no te preocupes, morirás y volverás a nacer el 25 de diciembre del año siguiente. Yo también naceré y a los veinte años volverás a sorprenderme con ese pelo lacio y largo y esos ojos grandes y brillantes. Por si no lo sabes, cuando me entere de que has muerto, yo me suicidaré. En ese momento dejaré de ser consciente de todo esto y se volverá a repetir la misma historia. Porque suicidarse es un pecado y tu padre me ha castigado con lo que más le divierte y a mí más me duele: vivir el mismo amor eternamente.
13.1.06 14:23


Aproximaciones

Querida tía:


He vuelto. Pero quizás eso para usted no tenga importancia porque me abre la puerta sin preguntarme dónde he estado ni qué he hecho. Otra vez, en el Paseo de la Castellana 52,3º f .  Me recibe y me conduce a la salita haciendo observaciones sobre mi crecimiento. Tomaré un poleo, tía.


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Veremos un rato de televisión para, después, cenar como siempre hemos hecho sin reparar de ningún modo en los cambios que van configurando nuestro rostro. Seguiremos insistiendo en no mirarnos para no aceptar que, de alguna manera, un mínimo cambio (arrugas, quemaduras, lunares) podrían explicar algún porcentaje de lo que nunca nos hemos atrevido a contarnos.


 


Nos miraremos constantemente a la frente dilatando las pupilas del esfuerzo. Lo usaremos como aproximación a la mirada real. Aunque nuestra dilatación sea provocada por el agotamiento de fijarnos constantemente en el mismo punto. Así daremos la impresión de que somos aproximadamente educados. Esa es la expresión, tía, todo lo hacemos aproximadamente.


 


Su frente tía, aproximadamente, no se moverá, lo cual la mantendrá lo aproximadamente inexpresiva como para dar por hecho que lo que me cuenta apenas necesita ser escuchado y que, seguramente, no tendrá la trascendencia que requiera bajar la vista siquiera hasta sus pestañas. Lo mismo, aproximadamente, ocurrirá conmigo.


 


Intentaremos hablar aproximadamente de lo que solíamos hacer la última vez que la visité. Y buscaremos el humor, la ironía, la tragedia en la frente del otro dando la impresión  de que hacemos como el resto de la gente que cree que el humor, la ironía y la tragedia están más abajo. Pese a que hay estudios que han hecho creer al resto de la humanidad  que todo eso se encuentra más abajo de la frente (incluso hay quien pierde fragmentos de humor en los ojos de alguien y los recupera hacia el centro del cuerpo),  nosotros actuaremos por aproximación.


 


 


No haga caso de lo que dicen los estudios, tía. Es una frase que uso mucho porque nos aleja de las familias normales. No hay nada como estar frente a frente, para eso se inventó esa expresión. Para un sobrino como yo y una tía como tú, que se miran constantemente a las arrugas del entrecejo conscientes de que son las mejores aproximaciones de los ojos.


 


 


--------------------------------------HE VUELTO---------------------------------------------

15.12.05 11:01


la solución estaba en el cielo de la M40

En casa estamos preocupados por la salud de mi tía. Madre, usted que está a nuestro lado, se dará cuenta de que no sabemos muy bien qué le pasa:fficeffice" />


 


-Es la colondra, hijo, hazme caso- me asegura mi tía.


-¿qué colondra ni qué ocho cuartos?- interviene mi madre


-¿la colondra , tía. Está segura?


- Sí, hijo, últimamente ha recibido menos sangre de la que debiera y parece que se apagará pronto, cuando sufra una telestomía aguda.


 


-Lo confirmo – dice el médico- su tolondra se está moviendo en parámetros de alto riesgo. Es, para poner un ejemplo, como cuando usted está en la M 40 en un atasco. Quiere llegar a su trabajo y sueña con que su coche puede volar. La sangre de su tía es el coche, el atasco es la telestomía aguda y su imaginación, la que vuela,  es la imposibilidad de que en tierra encontremos el remedio que aún está en el aire.


 


-¿Ves hijo?- asegura mi tía.


 


- Pero qué médico ni qué ocho cuartos, aquí no hay nadie- acaba mi madre.


 


-No se preocupe, señora. Yo para usted le diré que su madre se muere porque a su corazón le cuesta  que le llegue la sangre. Las venas están agotadas. Es como si usted  está en la M 40 en coche y quiere salir de vacaciones. Pero está en un atasco y ya le quedan cuatro días de playa  porque es trabajadora  temporal y sólo le dan una semana. Decide salirse del coche a arreglarlo y, usted que es muy suya,  mata de un disparo al primero que se ríe de usted. Las venas de su tía están a punto de que unas bolas de grasa disparen a bocajarro a su corazón.


 


-         O sea, que ha tenido un infarto- dijo mi madre cuando mi tía murió al día siguiente


-se confirma- dijo el médico del Samur que vino en la ambulancia y que nos pidió el carnet de conducir.  Sin dejar claro si era para formar parte de una absurda metáfora médica o porque el DNI no lo encontrábamos.


 


-El DNI lo tengo yo- interrumpe el médico de la habitación de  mi tía.- Me he permitido cogérselo para tomar sus datos y elaborar este contrato por el que me permite que le extraiga la colondra a su tía e investigue en mi laboratorio que, de hecho, se encuentra en una esquina de la M40.


 


-Nos la llevamos ya-dijo el médico del Samur


 

Entonces, madre, en casa, usted y yo, ya sin la tía, me decidí a elegir metáfora. O la de los coches, o la del disparo. Al final, madre, me creí la historia del doctor de toda la vida. Firmé y doné esa colondra a la ciencia. Porque creo que aún la imaginación puede salvarnos y porque seguro que algún día los coches volarán. No sé para qué, ni si tiene sentido. Pero si hoy mi coche hubiera volado, mi tía hubiera estado entre nosotros, con su médico, su madre y su sobrino. Y viendo desde la ventana los atascos en el cielo de la M40
8.9.05 12:42


Volúmenes


 


Intente imaginar que esta foto, con sus dimensiones y su falta de volumen (pero con sus sombras), pudiera ser un medio de vida. La chica que se encuentra en el centro, dando la idea de que pone en orden la luz y que distribuye las sombras, podría moverse a lo largo del papel y hacer sus cosas delante de nuestros ojos sin que podamos hacer nada a cambio.fficeffice" />


 


Serían movimientos planos, imitando a los de una tijera que anda. Andaría sin volumen y, claro está, viviría sin volumen. Pero, usted estará de acuerdo,  a veces lo que nos estropea la felicidad es nuestra capacidad para no escaparnos del volumen de las cosas.


 


Y usted, que razona con volumen, me dirá ¿Para qué querrá una chica joven, delgadita y de ojos azules estar atrapada en un papel Kodak pudiendo disfrutar de la arena de la playa, pudiendo pisar un bosque de verdad o vivir con su novio en una habitación con pared, suelo y techo (otra vez el volumen, creo)?


 


Usted, no lo niego, está en lo cierto según la comunidad científica. Que una chica camine por un papel Kodak como si fuera una tijera rompe el orden de las cosas tal y como están establecidas. Pero ¿quién necesita la opinión de la comunidad científica cuando el mayor problema que tiene uno es que no sabe vivir constantemente en tres dimensiones?


 


Créame, no sabe la de preocupaciones que se debe de quitar esta chica cuando tenga un problema de amor y decida apagarlo metiéndose en su papel Kodak. Quitándole una dimensión al problema, viéndolo todo como si sólo hubiera largo y ancho (pero no desde el “alto”), todo tiene una solución (o los dos o yo, nada más). Pero nunca cabe introducir la dimensión de la amargura, la duda…los papeles Kodak no están preparados para eso. Si no, fíjese en que siempre se anuncian con gente feliz y sin problemas.


 


Piénselo al revés. A lo mejor esta chica no tiene ningún problema cuando vive en el volumen. ¿sabe qué le pasa cuando se mete en sus fotos? Pues que le quita una arista a la felicidad, la hace más simple. Los poetas lo llaman redescubrir la belleza de las cosas del día a día y a ellos les funciona.


 


Entonces, ¿no cree que merece la pena romper el orden de lo que nos han enseñado? Para conseguirlo, quizás sea tan sencillo como aprender a pulsar un botón, o tan complicado como tirar el techo de nuestra habitación para conseguir que sea plana. O puede que consista en tener unos ojos que , por muy complicado que se ponga el panorama, sean capaces de quedarse con todo el volumen que nos sobra


 


***dedicado a blueyedgirl.****

24.8.05 09:57


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